Me animo a decir que mi arte es el de acercarme a las almas cada vez que abro las alas de mi voz. Acuden ángeles a asistirme en la tarea de adornar el aire, de agitar con armonías antiguas los avisperos interiores de quienes se alzan a escucharme.
¿Aplausos? Acompañan y ayudan, levantan el ánimo: aceleran el pulso de mi audacia. Aunque su ausencia no representa adversidad, afloja algo la autoestima y debo recurrir a artimañas antes de adivinar que es propio de mi arte el alejar aburrimiento y alienación de quienes asisten a mi auténtico abridor de algarabía.
Arremeto de la nada, ágilmente, y ocupo un espacio vacío.
Actúo como alarma.
Activo el acertijo.
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(1ra entrega del Deletrearte: Quién es JALI M.?)
Variación libre del juego "Días de Abecedario"
jueves, 3 de julio de 2025
martes, 7 de enero de 2025
lunes, 21 de marzo de 2016
Bruselas
De tan cíclica que es la vida, a veces me olvido que el círculo es una línea también.
Tal vez nada de lo que digo tiene sentido, pero algo que aprendí es que hay que sacarse los filtros. Y que la belleza de la vida está al alcance para quien quiera mirarla.

Caminar por Bruselas en diciembre: luces de Noelle, murales entrando en callejones, calesitas verticales de cajas que cuentan historias. Dudar sin dudas.







Tal vez nada de lo que digo tiene sentido, pero algo que aprendí es que hay que sacarse los filtros. Y que la belleza de la vida está al alcance para quien quiera mirarla.

Caminar por Bruselas en diciembre: luces de Noelle, murales entrando en callejones, calesitas verticales de cajas que cuentan historias. Dudar sin dudas.







jueves, 10 de marzo de 2016
Ponerme al día: Bruselas por el final
Creo que llegó la hora de ponerme al día en el relato de mi vida. Siempre me detengo porque pienso que es un acto de extremo egocentrismo esto de estar hablando de mí, mostrando mis fotos, mis pensamientos, etc. Pero después me doy cuenta de que hay muchos que me preguntan, que quieren saber cómo me fue en el viaje, que ponen "me gusta" cuando subo alguna foto suelta en el innombrable libro de las caras. Y no sólo eso, veo la cantidad de fotos que acumulo en la computadora, videitos, cosas que a veces salen en uno de los otros innombrables (aplicación de teléfono inteligente)... entonces en una tarde como hoy, lluviosa, otoñal casi de invierno, empiezo a ordenar la compu y me digo: QUÉ HAGO CON TODO ESTO, ADEMÁS DE NOMBRAR LAS FOTOS, ORDENARLAS EN CARPETAS, Y LLENAR EL DISCO RIGIDO DE RECUERDOS? Pues compártelas en tu blog! dicta esa voz interior que algunas veces tiene ideas brillantes. Todavía necesitas excusas para escribir tus relatos de viajes?
(Por ejemplo, cómo no vas a contar la historia de cómo conseguiste la trompeta?)
Pasar una tarde como la de hoy, como eran las tardes de marzo en aquella canción: lluviosa, con luz escondida, lenta y de niebla, revisando fotos y recuerdos tan recientes me hace preguntarme cosas a medida que van pasando las imágenes en la pantalla. Por ejemplo, a qué responde esta compulsividad de registrar los momentos que después se van a acumular en forma de bits. Ahora estoy con las de la Nochebuena en Bruselas. Las vueltas que van tomando mis itinerarios responde a lógicas muy caprichosas. Existirá un algoritmo que resuma, por ejemplo, las geografías que hemos atravesado?
Me distraigo pensando si no debería estar tocando música en vez de estar haciendo estas pavadas. (SSHHH! Esa voz no es tuya, Juli. Agarrá el violín y tocá un par de escalas, si total siempre va a haber excusas para distraerse. De eso podemos hablar largo y tendido.)
Sigo adelante. Escribir sin detenerme es lo que me sostiene. Vuelvo a las fotos. Nochebuena en la Avenue des Staphyllins (y aparece la foto en mi mente de la letra de Male en ese papel con la dirección, y aparece el audio mental con sus indicaciones para comunicarme con el taxista "stafilAn, se dice stafilAn, y si no te entiende mostrale el papel". Yo no le mostré el papel, él no me entendió una palabra de lo que dije y me llevó a dar una vuelta por la Forêt hasta que nos dimos cuenta de que era en la estación Coccinelles. Entonces le pagué el paseo con todas las monedas de mi gorra del día, porque a veces una puede trabajar sólo para poder pagarse un taxi a la noche). Nochebuena en Avenue des Staphyllins en Watermael Boisfort, nadando en discos de vinilo y comidas estrafalarias y riquísimas. Realizando un ritual en el que (casi) ninguno de nosotros cree demasiado. Todo reside en el esmero puesto a la preparación de platos y sorpresas y sobre todo en el disfrute del buen comer .
Nos hicimos regalos preciosos. Los míos fueron exclusivamente sacados del equipaje que llevé de Uruguay - 15 kilos por encima de lo permitido cuando me pesaron la valija en Carrasco. Así voy dejando pedacitos de mi vida por el mundo: ese cuaderno de artista a medio terminar, las recetas italianas impresas por Imprenta Anzilotti (la de mi abuelo-dueño... de eso hablaremos otro día...), las ocarinas del Ocarinero Humahuaqueño. Además de la valija llena de cosas que les dejé a Louise y Miguel, y las ropas de invierno que andarán descansando en un ropero en Ollon o, en el mejor de los casos, paseando por Lausanne o Bruselas. (Y mientras, miro la ventana pensando que pensaba que no pasaría el invierno en Colonia).
En fin..........
Cuestión que me fui de Bruselas un 25 de diciembre, fecha re piola para tomarse un avión. Louise y Miguel vinieron a despedirme con regalos que me vinieron bárbaro para la inevitable espera en Barajas.
Y sacamos la última con Male y Astrid en la puerta de Rue Vanderkindere 514, y las últimas en el aeropuerto y me estoy poniendo demasiado emotiva. Ya paso a otras cosas.
.... Continuará ...
domingo, 15 de noviembre de 2015
Recordarse en lo desconocido
Londres, Noviembre de 2015.
Querida Mamá:
Me pedís que te cuente de mi paso por Londres y lo voy a hacer aunque hoy las noticias nos quieran hacer hablar sólo de París. Y no es que sea una enamorada de las grandes capitales, aún teniendo a Buenos Aires tatuada en mi matriz.
Buscaré que las palabras encuentren su cadencia para desenmascarar el misterio de mi paso por esta ciudad, que me hizo sentir que esa matriz está surcada por más de un color de tinta.
Para empezar, diré que Londres fue roja. Mirara a izquierda o derecha - lo cual no es lo mismo al momento de cruzar las calles con los autos viniendo siempre de la dirección contraria - encontraba ese color. En lo más evidente: los buses de dos pisos y las cabinas telefónicas (aunque es cierto que hay muchas pintadas de gris y - dato al margen - muchas ofrecen Wi-Fi gratis por media hora, útil para los que tenemos un teléfono como el que me regalaste). Pero también en otros detalles escondidos, como las zapatillas de la niña en el poema del libro que hojeé en la exposición de libros de autor en el Southbank Centre, o en el tractor que demolía esa casa en Hendon Lane. Tendría que revisar las pocas notas que tomé en esos seis días para contarte en cuántos momentos el rojo me habló de Londres - y sobre todo de mí en Londres. No, todas las notas sobre el rojo fueron mentales. Sí, está el círculo rojo del underground, y también las pinturas gigantes de Cy Twombly en el Tate, esas pinceladas báquicas y lujuriosas.
En Londres escribí poco, porque también me pasó algo crucial: en esta ciudad no pensé. Sólo la primera noche el insomnio quiso cobrarme con pensamientos el despertar en medio de la noche sin saber si estaba en Colonia o en Bruselas, durmiendo sola o acompañada. Pero despertar de nuevo en la mañana con la fiaca de Michi gateándome por la panza fue el santo antídoto: es así de increíble cómo la mano de un bebé tocándote la sonrisa puede traerte a un presente sin medidas - es decir, sin pensamiento. Flor había comprado yerba Rosamonte, entonces así de ridículo como puede sonar, Londres fueron esos mates y enseñarle a mi amiga argentina-londinense que aprendió a andar en bici cerca de sus treinta, a cebar.
El sol casi no apareció en los seis días. Tampoco el frío que te cala los huesos. Sí la lluvia y el viento. El aire estaba tan limpio que la caminata por el parque en el fondo de Cranmer Court fue un delirio de colores de otoño. Y tal vez si Londres me gustó tanto fue gracias a ese respiro de naturaleza antigua.
También adoré las muchedumbres en la hora pico de King's Cross, en Camden Town, en el tube. Cómo puede molestarme tanto la acumulación de gente en Buenos Aires, y gustarme así de mucho este lugar? (la gente se acumula también en conciertos de Angeles del Death Metal mamá, pero no me van a hacer perder las ganas de ir a conciertos como el de Mykki Blanco donde pude encontrarme con el underground londinense en su esplendor más crudamente vanguardista). Será por lo que me dicen los rostros que Londres me gusta: aquí el humor transpira hasta en las malditas publicidades y te cuesta imaginar a un inglés tirando una pálida (aún así, y en honor a Osvaldo que hubiera cumplido ¿noventa y cuántos? el quinto día de mi estadía... mi corazón es rioplatense, mamá. Pero qué lindo poder ser camaleón por unos días, pretender que mi corazón está libre de nostalgias y que sólo me motiva el hacerme de abajo como el self-made man de Charles Dickens. Qué lindo ese hueco de la imaginación, de verdad...).
Además, esta es la ciudad versión original de cualquier otra ciudad donde el rock haya prendido la mecha. Es decir: la madre de todos los rocks del mundo. En New Orleans descubrí el latido original. En Memphis, el eco de ese latido. Acá se abrió la arteria aorta, la sístole y la diástole se conocieron en la bifurcación de Oxford Circus con Tottehham Court Road. UK is the father and mother of the Empire, so to say.
Por supuesto que sí - sé lo que te estás preguntando: crucé el London Bridge y NO se cayó. La canción estuvo en mi cabeza y en mis tarareos a Michi durante los seis días, y también muchas de las canciones que me enseñaban de chiquita vos y el Southlands. Y eso es algo que no te dije: lo que más amé en Londres fue entender el idioma. Me dieron tantas ganas de quedarme para siempre escuchando ese acento conocido y lejano. Y pensar que por tanto tiempo me esforcé para tener acento yanqui! Ahora me gusta en cualquier lado tener acento extranjero. Ya ves que hasta en Argentina me confunden con uruguaya.
En fin mamá, ya voy llegando al final de esta carta y no te hablé de Covent Garden ni del mercado de Borough. Tampoco de los Van Gogh en la National Gallery y del Miró en el Tate, ni de los artistas callejeros de Trafalgar Square. Será en la próxima, o quedará de combustible para una creación reciclada.
También me faltó hablarte de los aeropuetos, de la Oyster Card, de la asistente social que ayuda a Flor y Pjemek a encontrar la mejor escuela para Michi. Y del Charity donde por 12 libras equipé mi guardarropa para quién sabe qué estaciones venideras. Al final, de qué te hablé? Bueno, algo sí te dije: Londres me anuló el pensamiento. Por eso, eternamente agradecida a esta gran y pequeña ciudad.
El Palacio de Buckingham, lo confieso, lo pasé caminando rápido, con la lluvia llevándome a nado a mi cita de peluquería. Sabés que la realeza no es mi debilidad, y una frase del libro sobre arte público "Pavement Poetry" que encontré en aquella muestra de la que sí te hablé, resume mi sentir al respecto: "RATHER THE RAIN ON THE CASTLE'S WINDOW, THAN THE CASTLE ITSELF".
Voy dejando el relato acá. En mi próxima carta podré hablarte de una Bruselas con olor a comic y a cervezas cortadas con cuchillo.
Quedate tranquila, me cuida un ángel que nació con la primera oración que rezamos juntas.
Te quiero
K
PD: En la próxima te mando también más fotos de Londres, por problemas técnicos con la compu no puedo agregar más ahora.
jueves, 8 de octubre de 2015
12 días de popurrí bruseliano
Llegando al centro de la ciudad. A la izquierda, un ascensor para llegar a la parte baja, o más bien para subir de ella!
En el bar N.A.I.S. de la Rue Haute encontramos una rueda de swing y ahí nos sentamos a tomar una Duval.
Perdiéndome con la bici en las callecitas del centro me encontré estos murales:
Una tarde en el Bois de la Cambre, el parque a cuadritas de casa.
Comiendo hamburguesas con fritas en Boistfort.
El hadita que llena mis días: Astrid.
En la ludoteca:
En su bici.
Ella también toca el ukelele en la calle :)
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Hola desde el Limbo
Dicen que un avión te lleva en menos de un día a cualquier parte del planeta, pero que el alma tarda al menos una semana en llegar. Tiene sentido para mí. Me fui de Colonia con el corazón en las calles, en la música, en los amigos, en el río (contaminado y todo) y todavía por las noches mis sueños me pasean por ahí.
Cuando hace un mes Malena me hizo la propuesta de venir a pasar tres meses con ella y Astrid en Bruselas, sólo me tomó un día tomar la decisión. Es que mi alma también se había quedado en nuestros días de Jamgals, y esto es lo bueno de vivir la vida libre: mi casa soy yo en cualquier lado, pero mucho más cuando la comparto con la familia del corazón.
Llegué a Bruselas hace cuatro días, y nos caímos bien. Sos una gran ciudad, debemos tratarnos con cuidado. Bruselas ya es sinónimo de ser mamá postiza por tres meses, practicar mi francés y exprimir el tiempo con mi hermana musical. De costado estarán las cervezas, las fritas, y el asalto cultural a ukelele amado. El bricollage y el violín, el amasado de recuerdos, el nuevo disco de Jamgals Recargadas y la preparación a distancia de la gira Olorosa Verano 2016.
En estos cuatro días ya mi paladar estalló de sabores, mis risas tejieron mantas con las de Astrid, mis ojos escalaron eclipses sobre fachadas de ladrillos rojos y mis horarios no tienen ni pies ni cabeza. Hoy debuté en la noche y en el transporte público yendo a la première de una obra en el teatro. Y retomo el querido blog para mantenerlos al tanto de las peripecias que se vayan desenvolviendo con el transcurso de los días. A bientôt!
Male, Astrid, Lèo, los frutos de mar y el cordero con papas gratin en la Brasserie Georges de Uccle.
El cielo de Colonia algún día hace un tiempo desde el Puerto de Madera
Cuando hace un mes Malena me hizo la propuesta de venir a pasar tres meses con ella y Astrid en Bruselas, sólo me tomó un día tomar la decisión. Es que mi alma también se había quedado en nuestros días de Jamgals, y esto es lo bueno de vivir la vida libre: mi casa soy yo en cualquier lado, pero mucho más cuando la comparto con la familia del corazón.
En Barajas cuatro pantallas como estas indicaban las partidas de vuelos de las siguientes tres horas. Tuve que caminar 15 minutos hasta mi puerta de embarque para el vuelo UX1171, donde dormí 2 horitas tirada arriba de mi equipaje.
La recompensa de dos noches de aeropuertos y escasas horas de sueño: el sol naciendo en mis alas y la Pacha regalando diseños psicodélicos.
Male, Astrid, Lèo, los frutos de mar y el cordero con papas gratin en la Brasserie Georges de Uccle.
Y la luna antes del eclipse, 3.30 AM, desde la puerta de casa.
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